Laura Campos: "cuando dejé la gimnasia me vine con una mano detrás y otra delante"

Laura,junto al Pabellón que lleva su nombre

Laura Campos Prieto (Mérida, 1988) ha dedicado su vida a la gimnasia de alta competición. Dejó Calamonte a los trece años para irse a Madrid donde entrenaba ocho horas al día seis días a la semana.

Pregunta.- ¿Cómo empezaste tu relación con el mundo de la gimnasia?

Respuesta.- Empecé con cinco años haciendo ballet aquí en Calamonte. Del ballet me fui a gimnasia rítmica y luego ya a la artística. Vieron que tenía posibilidades y mucha potencia y así empezó la cosa, con la cama elástica .

P.- ¿Cuándo diste al salto al mundo profesional?

R.- Yo me fui con trece años a Madrid con la selección española tras unos años en Mérida. Allí entrenaba ocho horas diarias seis días a la semana y algún que otro domingo. Lo compaginaba con los estudios y tan solo veía a mis padres un día al mes.

Estábamos en la Residencia Joaquín Blume o en un piso del INEF (Instituto Nacional de Educación Física. De 8 a 11 íbamos al instituto; de 11 a 2 entrenábamos; a las dos, comíamos; de tres a cinco, estudiaba y de cinco a diez de la noche entrenaba. Luego llegaba, cenaba, hablaba con mis padres y hasta el día siguiente. Y así durante 8 años, de los trece hasta los veinte años.

P.- ¿Tu mejor momento como gimnasta?

R.- Mejor momento hay varios. El primero, ir a las olimpiadas de Atenas 2004, donde quedamos quintas por equipos y luego la copa del mundo de 2005 donde fui subcampeona del mundo en paralelas. Y después repetir Olimpiadas en Pekín 2008.

Para mí fue una gran satisfacción, tanto las olimpiadas como el subcampeonato porque fue mi primer título individual. Tras las olimpiadas de Atenas recuerdo que fueron a recibirme en un autobús con pancarta, familia, amigos... Pero tras el de Japón, nada, solo mis padres y mi familia.

P.- ¿Y el peor momento?

El peor momento de mi vida profesional fue en 2005. Dos días antes de los juegos del Mediterráneo, en Almería, me rompí el ligamento cruzado de la rodilla derecha y no pude competir.

P.- ¿Algún recuerdo cariñoso de las concentraciones?

R.- Sí, recuerdo las chocolatinas que teníamos en la habitación y que escondíamos para que no nos las pillaran. El régimen de comidas no era muy duro, aunque bollería, chocolatina y fritura los teníamos prácticamente prohibidos.

P.- Y ahora, ¿qué haces? ¿Cómo es tu vida?

R.-Ahora he creado mi propia escuela. Es un poco difícil todo después, la verdad.  No tienes ayuda de ningún tipo. Cuando acabas la competición te vienes con una mano detrás y otra delante. No tienes ayuda ni para unos estudios o una titulación de gimnasia o algo similar. Hace tiempo que quiero hacer un curso para lograr el título de entrenadora nacional y me lo tengo que costear yo a no ser que la Federación, al final, decida darme la ayuda. Pero si no, nada. Pero también tengo que decir que en Calamonte, al dejar la gimnasia, sobre todo por las lesiones porque si no podría haber estado un par de años más como a mí me hubiera gustado, en Calamonte sí me ayudaron porque pude trabajar como monitoria de gimnasia. Pero hace dos años decidí dejarlo y me fui a Mérida a la Ciudad Deportiva y creé mi propia escuela de gimnasia y lo compagino con el trabajo en el Decathlon, donde estoy contenta.

P.- ¿Algún plan, algún proyecto?

N.- Ahora, en diciembre, voy a ser mamá de una niña y estoy muy contenta. Es cierto que los años de gimnasia de élite requieren un gran esfuerzo y un gran sacrificio, pero no tengo la sensación de haber perdido infancia, sino de haber hecho las cosas en otros momentos, con otro ritmo diferente. Estoy contenta. Y satisfecha de los que hice como gimnasta