María Álvarez trabajando en un sombrero de carnaval
María Álvarez trabajando en un sombrero de carnaval / Mario.M

María Álvarez Guerrero: artesana de la escenografía del Carnaval

  • «Hago trabajos para el Carnaval de Calamonte, pero también para el de Mérida y Almendralejo»

Para quienes todavía no la conozcan, María Álvarez es una persona sencilla y trabajadora. Aunque tiene una grave lesión en sus manos, es capaz de hacer manualidades impresionantes. De una belleza y delicadeza estética únicas. Porque sus trabajos son totalmente manuales, y hacen de sus manualidades una foto instantánea. Los bastones que presiden la entrada de su casa, son buena prueba de ello. Realizados con un bisturí, están ejecutados con una gran destreza y tienen un valor incalculable.

¿Cómo se inicia su interés por las artes plásticas y las manualidades?

–Desde que tengo uso de razón hago trabajos de manualidades. Primero empecé con cosas pequeñas, pero luego ya me atreví con otras más grandes, como la cuna que le hice a mi hermana hace veinte años, que servía como mesa y como sofá. Desciendo de la familia del escultor Juan de Avalos, porque mi abuela era prima hermana de Juan. Me saqué el título de técnico especialista en telecomunicaciones en 1984 y empecé a trabajar en el Ayuntamiento de Calamonte como electricista durante tres años. Por la mañana trabajaba en la fábrica de corcho y por la tarde hacía arreglos de electricidad del ayuntamiento hasta que el ‘Lupo’ consiguió la plaza de electricista.

Usted sufrió un accidente en la fábrica de corcho. ¿Cómo fue?

–En un principio entré a trabajar para poner la maquinaria en marcha, pero un día, en vez de hacerle las pruebas a las máquinas, ellas me las hicieron a mí. En la empresa estaba yo sola trabajando y puse las máquinas a funcionar. Entonces las máquinas todavía no tenían sistemas de seguridad con sensores de parado automático en caso de peligro y me llevaron por delante las manos. Perdí dos dedos en cada una. A veces la vida te da un vuelco y tienes que reponerte. Pienso que todo está en la cabeza. El accidente cambió mi vida por completo porque afectó seriamente a mis manos. Incluso tuve que empezar a aprender a escribir de nuevo, pero no me afectó porque no me fijo principalmente en el físico, sino al revés, yo no me oculto. Estuve un año con rehabilitación y, entre comillas, me dijeron que no podría trabajar, pero yo tenía que hacer cosas, así que lo primero que hice fue montarle la cocina a mi madre.

Parece que el accidente, lejos de suponerle una limitación, le abrió un mundo infinito de posibilidades ¿A qué dedica su tiempo desde entonces?

–Realizo muchos trabajos por encargo que terminan siendo piezas únicas. He llevado a cabo trabajos de decorados, atrezzo, carrozas de navidad, de carnavales, piezas de ‘photocall’, decoración de bodas y comuniones, y con los carnavales llevo cuatro años seguidos haciendo piezas pequeñas y piezas grandes como las vespas de las Querubinas.

¿Ha conseguido algún premio por sus trabajos?

–La verdad que no hago los trabajos por los premios, pero si llegan, bienvenidos son. En el año 2000 recibí un premio a mejor escenografía de un templo de Diana y en el año 2015 el Premio Tijera de Oro al mejor traje en el que la murga iba trajeada de macetas. En realidad, el mejor premio es cuando la gente te felicita por tu trabajo.

¿Le han encargado muchos trabajos este año para Carnaval?

–Sí. Lo que pasa que en noviembre mi madre tuvo una fuerte caída, se rompió el fémur y tuvieron que operarla. Por este motivo tuve que rechazar algunos trabajos porque no me daba tiempo. Antes, yo salía por la mañana, mi madre hacía la comida y volvía al taller. Pero ahora he tenido que traer todas las cosas a casa y trabajar aquí para cuidarla. Ella me ha ayudado mucho. Aun así, he tenido encargos desde agosto y he finalizado los trabajos a tiempo. Trabajando hasta las tantas de la madrugada. Por ejemplo a ‘Las que buscan forasteros’ les he hecho el atrezzo y el traje; a los ‘Tagorichi’ el atrezzo; a ‘Las mismas’, catorce tumbas; a ‘El coleccionista de alegrías’ atrezzo; y a ‘La marara’ le hice las tazas y el caldero, que se lo llevaron de aquí recién terminado para sus actuaciones.

¿Qué materiales utiliza?

–Yo utilizo de todo. Particularmente me gusta reciclar, pero normalmente utilizo madera y polispan. Depende también para qué va destinado el trabajo, lo mismo uso tapones, chapas, goma eva, un casquillo de la luz o madera. Le hice a mi hermana una cuna redonda de madera y me la pusieron en la revista de Bricomanía. A todo le saco provecho, como a los bastones de madera, que me traen una pieza y los tallo con bisturí. Cualquier cosa que me pidan la visualizo y lo hago. Por ejemplo, las vespas eran de polispan y por dentro llevaban un monopatín de madera que las hizo uno de los padres de las componentes de ‘Las Querubinas’ y yo las incrusté dentro para que pudieran andar con las vespas por la calle.

¿Tiene alguna ayuda para llevar a cabo todos los trabajos?

–Tengo a mi sobrino Samuel, que me ayuda muchísimo con todos los trabajos. De hecho en este tiempo he cuidado de mi madre, y él me ha ayudado muchísimo. Antes, la que me ayudaba era mi madre, porque yo entraba y salía y siempre tenía el plato encima de la mesa. Este año he hecho trabajos para murgas y chirigotas de Calamonte, pero también me llegaron encargos de Mérida e incluso de Almendralejo y surge todo del boca a boca. Si no tuviera a mi sobrino, tendría que rechazar muchísimos encargos.

¿Se gana mucho dinero con las manualidades y los encargos de Carnaval?

–Es mi vocación, y me encanta. Pero vivir de esto es complicado. Siempre me busco la manera de economizar todos los materiales que puedo. Pero sobre todo, cuando la gente ve los trabajos y te felicitan es una gran recompensa.

¿Le gustaría impartir algún curso de manualidades para que otras personas aprendan de usted?

–Ya lo hemos intentado pero no salió. Desde la Casa de la Cultura propusimos hacer un taller de manualidades, pero se tuvo que cancelar porque no pudimos cubrir el mínimo de plazas. Ahora los niños le dedican el día a los ordenadores o a los móviles. Es una pena. M haría ilusión ver que todavía los niños tienen curiosidad por las manualidades.

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