Pedro Fernández Salguero en el laboratoroi de células de cultivos de la UEx.
Pedro Fernández Salguero en el laboratoroi de células de cultivos de la UEx. / ::HOY

Pedro Fernández Salguero: «Tuve ofertas para quedarme en EEUU pero opté por volver»

  • El científico calamonteño repasa su trayectoria profesional desde que estudiaba la EGB en el pueblo

Pedro Fernández Salguero (13 de enero de 1963) estudió EGB en Calamonte, donde pasó gran parte de su infancia. Es catedrático de Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de Extremadura donde ejerce como profesor en el departamento de Bioquímica y Biología Molecular y Genética. Pero antes de esto, hizo bachillerato y COU en el colegio Claret de Don Benito, luego se sacó la licenciatura de Biología en la UEx. En 1991 Fernández leyó su tesis doctoral en Badajoz y meses después fue a parar al National Cancer Institute (Instituto Nacional del Cáncer) de Estados Unidos, hasta 1997.

Un año después (1998) se sacó la oposición para ser profesor en la UEx de bioquímica y biología molecular sacando la cátedra en 2010. Así que podemos decir, que con esta entrevista el investigador calamonteño cumple 20 años en la enseñanza universitaria. El calamonteño reconoce que su paso por EEUU fue crucial para su carrera. También dice ser feliz con su actual situación donde trabaja junto a su equipo de investigación BIMOCAN desde el año 2000, en la Universidad de Extremadura. En su extenso currículum tenemos que destacar la medalla de oro del Foro Europeo Cum Laude en 2016, por su trayectoria investigadora.

Además, el próximo martes 2 de octubre, Fernández ofrecerá una charla en el Parque Científico y Tecnológico de Extremadura que versará sobre los Nuevos métodos diagnósticos y pronósticos contra el cáncer y diseño de vacunas antitumorales. Junto a él, otro investigador, Lluís Montoliu hablará sobre las Nuevas metodologías de edición genómica CRISPR, de sus aplicaciones futuras en biomedicinas, pros y contras.

–¿Cómo fue su infancia en Calamonte?

–La recuerdo con bastante cariño y alegría, porque entre otras cosas, había dos canales de televisión, y la segunda, casi no se veía en Calamonte. Con lo cual, pasábamos muchas horas jugando en la calle. Era cuestión de llegar a casa después de la escuela, hacer las tareas y salir a jugar con los amigos de toda la vida. Es una ventaja que tenemos la gente de pueblo, que conservamos a los amigos desde pequeños. Luego, en sexto de EGB, me fui al internado, al colegio Claret.

–Cuando era pequeño, ¿qué quería ser de mayor?

–Desde siempre me ha gustado investigar. De pequeño me gustaba abrir los juguetes y ver qué tenían dentro. De hecho, mi madre cuando me veía abriendo los juguetes que me habían regalado en los reyes, decía: ‘ya entró el desarme’. Realmente no sabía a qué dedicarme, pero sí sabía que me gustaba la investigación relacionada con cosas –. Con la vida en general.

–¿Cómo decidió qué estudiar y a qué dedicarse?

–A mi curiosidad por todo lo biológico se unió, también, por fortuna, un profesor que tuvimos en Don Benito que era un entusiasta de la biología y a todos nos infundió ese interés por las cuestiones biológicas. Cómo funcionan los tejidos y los órganos. Y, eso sí, cuando terminé COU me decanté por biología, porque dentro de ese ámbito se encuadra la investigación, y en parte por desconocimiento. Me explico. Entonces yo no sabía que un médico pudiera investigar, por eso me decanté por Biología frente a Medicina porque quería investigar.

–Actualmente, ¿cuáles son sus líneas de investigación?

–Estamos trabajando en carcinoma hepático, neopatocarcinoma que es un tipo de tumor que tiene un pronóstico malo, no hay muchas herramientas terapéuticas y lo estamos haciendo con el servicio de trasplante hepático, cirugía hepatopancreaticobiliar y del servicio de anatomía patológica del Hospital Intanta Cristina de Badajoz. Por otro lado, estamos trabajando en las células madres y en cómo esas células madre son importantes en condiciones normales para mantener la fisiología normal de órganos. Del hígado y del pulmón, sobre todo. Y también en cómo están implicadas en desarrollo de tumores humanos, como en modelos animales. Además, trabajamos con biopsias en colaboración con el Infanta Cristina. Básicamente estamos trabajando en cómo las células madres tumorales pueden influir en el desarrollo del tumor y cómo puede repercutir en la metástasis. También estamos trabajando en angliomas tumorales y trabajamos en toxicología. En este caso estudiamos cómo ciertos compuestos tóxicos están implicados en inducir daños en hígado y pulmón y cuando se le da ciertos estímulos al cuerpo es capaz de revertir ese daño para el tejido. Trabajamos en reparación de tejidos, aunque al final todas las líneas de investigación están interrelacionadas entre sí. En definitiva, el laboratorio trabaja en progresión tumoral y metástasis tumoral.

–¿Por qué se marchó a Estados Unidos?

–Al terminar la carrera, si quieres entrar en el mundo de la investigación, un paso inevitable que hay que dar es hacer una tesis doctoral, que es un grado de especialización más alto. En mi caso, siempre me atrajo mucho la parte de biología molecular, que es básicamente, saber cómo funcionan los componentes de una célula. Así que, lo que hice fue marcharme a Estados Unidos para hacer una estancia postdoctoral. Yo soy partidario de que la gente se vaya fuera a un país extranjero para la investigación. Estuve barajando varios sitios y al final solicité estancia en el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos que está en Washington. Sinceramente digo que no tenía mucha seguridad de que me fueran a aceptar porque es un sitio muy competitivo donde trabajan miles de personas. De hecho, el campus donde estuve había 40.000 investigadores. Era un poco más grande que Almendralejo. Así que, un investigador puntero de entonces me aceptó en el equipo. Inicialmente me fui con una beca que me ofreció la Universidad de Extremadura, y al año siguiente estuve como contratado por la Universidad de Cincinati, mientras seguía en Washington y al final estuve 5 años y pico.

–¿Qué trabajos desarrolló en Estados Unidos?

–Lo que hacíamos básicamente era introducir mutaciones en un ratón para luego poder analizar cómo esa mutación afecta al desarrollo de un tumor o a una respuesta frente a un tratamiento. También estuve en un proyecto que inicialmente no parecía muy interesante, pero por casualidades de la vida resultó ser importante porque descubrimos un tumor utilizando biopsias de pacientes de diferentes sitios del mundo. Identificamos una mutación que cuando se produce, la persona que la sufre si se le trata con un agente terapéutico que se llama 5-fluorouracilo, le de una reacción tóxica muy potente, que si no se detecta que es por la mutación y se le da un segundo ciclo de quimioterapia, la persona puede morir. De aquí sacamos tres patentes que se licenciaron en empresas farmacéuticas y ahora hay un kit comercial que tienen en hospitales de EEUU y en algunos de Europa. Luego en 2010 dos de estas patentes recibieron un premio de la costa Este y en 2011 recibieron el premio nacional de transferencia tecnológica de EEUU. Así que muy contento por esto.

–Después de esta etapa en Washington, ¿Le hubiera gustado quedarse más tiempo?

–Muy buena pregunta. De hecho nos pasamos bastante tiempo pensando en familia qué hacer. Las ganas de venirse uno a Extremadura siempre están ahí. Luego, la vida en EEUU tiene muchas ventajas y algunos inconvenientes. Uno de estos es lo tremendamente competitivo que es. Pero yo no me vine por eso. Mi caso realmente fue por el aspecto familiar, que pesó más. Yo soy hijo único, al igual que mi mujer y esto fue una decisión dura en su momento, porque mi hijo mayor nació en EEUU y nosotros allí vivíamos bien. De hecho tuve varias ofertas para quedarme. Pude elegir quedarme en Nuevo México, en la Universidad de Alburquerque, Wisconsin y una empresa de biotecnología de San Francisco. Pero lo barajamos todo, le dimos mil vueltas y mi jefe me decía que cómo me iba a ir a España ‘que esa gente no tiene dinero, quédate aquí’. Me estuvo presionando porque encajé bastante bien allí. Pero al final lo valoras todo y nos venimos. No me arrepiento de venirme a Extremadura porque soy feliz, trabajo en lo que me gusta y no tengo ningún tipo queja. Eso sí. Me gustaría tener la posibilidad de irme allí un año de reciclaje y hacer cosas distintas.

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