Festival de los de la tierra

Un instante de la faena de Fernando Flores
El toreo lo pusieron Posadas y Flores

FELIPE J. DELGADO

FICHA TÉCNICA:

Fernando Flores, alumno de la Escuela de Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, supo demostrar que en las plazas de los pueblos es donde los toreros se van haciendo. También se vio que, en estas plazas, se torea de verdad o no.

Abrió la plaza del festival Óscar Higares, el más mediático del cartel. Lo mejor de su actuación fue el nombre. Se dejó escapar un novilo noble, sencillo, que repetía en la embestida aunque recortaba por el derecho en la fase final de la faena. Cuarto de espada y media de necesidad. Silencio (y gracias).

Ambel Posadas demostró sobre el coso (irregular, motivado por el cambio de ubicación) la quietud del toreo. Unas series reposadas sobre la mano izquierda con un novillo con movilidad (y recorrido) no tuvieron la recompensa de la oreja, aunque sí la de la vuelta al ruedo con petición de apéndice.

Julio Díaz "El Cordobés" no supo estar en el sitio. Lo intentó y sacó un par de tandas aseadas. Tres intentos con la espada y una oreja. Era un festival.

Y Fernando Flores, que cerraba el cartel de los de a pié, puso lo que hay que poner: entrega, sitio, quietud... Y, sumado esto a un buen novillo y un mejor uso de los aceros, Flores demostró ayer sobre la arena cómo hay que encarar los tercios en un festival: parar, templar y mandar. Y ya está. Tan sencillo (y tan complicado) como eso. Solo Ambel y Flores pusieron con la muleta lo que el buen aficionado pide: temple. Y sitito.

Puso fin a la fiesta Joao Moura Caetano, que dio cuenta de una buena cuadra. Estuvo aseado y supo sacar del último novillo de la tarde lo que daba, que fue mucho. La "Federica" (la chaqueta lusa del rejoneador) brilló con los últimos rayos de sol de una tarde en la que Calamonte disfrutó con los toros. Dos orejas pusieron fin a una tarde de feria.