Calamonte decidirá

El partido de vuelta será decisivo

Álvaro, en la jugada que supuso el empate.::DELGADO

Decir que el Calamonte se perdió en Llerena no sería del todo acertado. En realidad, no se encontró. El equipo no salió "enchufado" (apenas si tuvo veinte minutos de juegos y de destellos del equipo que se ha visto esta temporada) y el Llerenense, curtido en batallas y con jugadores con experiencia, supo hurgar en la debilidad que mostraron los de Juanpe.

El Calamonte no tuvo el balón y no logró tenerlo más que en el último tramo de la primera mitad, cuando Álvaro, que mostró un pundonor del que hay que tomar nota, empató. Ahí parecía que los blancos (este domingo de rojo) iban a remontar. El juego y el partido. Pero no fue así. El empate del Calamonte, de Álvaro, sin duda el  "MVP" calamonteño , trajo otros bríos, pero que se diluyeron.

En la segunda mitad el equipo cambió el dibujo y Dino se quedó en el vestuario. El Calamonte perdió intensidad defensiva y no ganó presencia en el centro del campo. El segundo gol local volvió a llegar a balón parado. Una falta al borde del área, un balón que se desplomaba sobre la defensa, unos jugadores locales que lo lucharon... y 2-1. El primero de los de Llerena fue en un saque de esquina y un remate tras un  desajuste defensivo.

El 3-1, en un claro fuera de juego (y en el que la zaga calamonteña se quedó clavada esperando a que el árbitro señalara lo que parecía evidente) puso la puntilla en un encuentro donde Abdón salvó los muebles y la eliminatoria. Tal vez, en esas paradas estén la eliminatoria. Pero también se encuentran en otros lugares.

Por ejemplo, en la intensidad que los jugadores del Calamonte no demostraron en Llerena. Y tienen esa intensidad y esos arrestos que hacen falta, pero este domingo la quedaron en el vestuario. El partido de vuelta no será así, y ellos ya lo saben.

Hay que evitar despistes. Y no perderse en luchas. Álex perdió los papeles y fue expulsado por "menosprecio al colegiado". A Carra lo sacaron del partido las continuas provocaciones de la zaga llerenense; Berna y Vilorta no fueron los estiletes por la banda a los que nos tienen acostumbrados. Pero esto está ahí, esperando para  salir en el partido de vuelta.

Juanfe y Piti cumplieron. Pero ellos saben que pueden hacer más que eso. Y lo saben porque es lo que llevan haciendo toda la temporada.  Lo harán en el partido de vuelta.

Rubén no sacó hoy la batuta. En algún momento se echó mano al bolsillo, y parecía que iba a sacar el puntero: apuntar y ponerla; parar el juego y darle el "tempo" que requiere, que es lo que ha hecho toda la temporada, porque es lo que sabe hacer: mover bien al equipo y tener el balón. Lo hará en el partido de vuelta.

Enrique no tuvo mucho tiempo para desbordar como sabe. Lo hizo en un par de ocasiones. Pero lo hará más veces en el partido de vuelta. Nedved salió en el descuento, con "el pescao vendío" y no se puede decir de él más que este domingo votó por primera vez.

La afición

Mientras, y de modo paralelo, está la afición. Más de 350 calamonteños acudieron a Llerena. Y animaron. En momentos, incluso más que los locales. Y eso que la ubicación de la hinchada calamonteña no fue la más indicada. Con el sol de cara, de pie, alineados en una banda unos sin posibilidad de asiento y situados otros (los menos) en un fondo  que era un erial (sin asiento alguno, con piedras y bloques de hormigón por el suelo, cordeles para tender la ropa e incluso un pequeño huerto -sí, un pequeño huerto- fueron los lugares en los que el conjunto llerenense ubicó a los calamonteños.

La afición fue, de 0 a 10, de 12. Y en el partido de vuelta será mayor. En número y en intensidad. Y sin tener en cuenta el desagravio de este domingo. La afición debe ir este domingo a animar, a empujar al equipo, a cantar, a gritar, a chillar... a convertir el Municipal en una caldera, en una olla a presión. Pero animando al Calamonte. Sin más, sin menos. El primer gol lo debe marcar la afición.

En definitiva: está todo por decidir. El valor doble de los goles logrados fuera de casa en caso de empate permiten soñar. Pero está todo por ver. Los jugadores son los que deben decidir. Ellos deciden. El partido de vuelta decidirá.  Son los jugadores los que tienen que demostrar una vez más lo que ya han demostrado durante ocho meses:  que saben, que pueden. Que quieren.