Roban la sucursal de Caja Rural de Extremadura a punta de navaja

Agentes de la Guardia Civil, en la puerta de la entidad bancaria.:DELGADO

Faltan diez minutos para las nueve de la mañana.  A esa hora, los dos agentes de policía local están cumpliendo una de sus funciones rutinarias: dirigir el tráfico en el colegio San José, un centro educativo de los más grandes de la región y que congrega a un gran número de padres (y en especial de madres) que llevan a sus hijos al colegio en coche. El centro cuenta con 550 alumnos de entre 3 y 12 años, por lo que la presencia de vehículos es más que numerosa y requiere este control por parte de los agentes.

Que a las nueve están los agentes de servicio realizando esas funciones es algo que los amantes de lo ajeno deben conocer, ya que los tres atracos que se han producido en la localidad durante los últimos años (y siempre a entidades bancarias) se han cometido en torno a las nueve de la mañana. Y el de hoy, no podía ser menos.

Poco antes de las nueve, un hombre de unos cuarenta años, de complexión fuerte, de aproximadamente un metro setenta y cinco de altura y vestido con pantalón vaquero y jersey azul, llamaba al timbre de la sucursal que Caja Rural de Extremadura tiene en la céntrica calle san José. La cajera, Ana, le abría porque "parecía un cliente normal", contaba. Y al entrar, sacó un cuchillo y pidió el dinero diciendo "esto es un atraco".

Y tres mil euros (aunque habrá que esperar a que la entidad bancaria confirme la cantidad) a una bolsa. Y a correr. Al salir de la oficina de la Caja Rural, en cuyo interior también se encontraba el director de la sucursal y que nada pudo hacer ya que "todo fue muy rápido" como posteriormente aseguraba, tiró calle abajo hacia la izquierda.

Al llegar a la confluencia de la calle San José con la calle Ramón y Cajal, una arteria comercial de la localidad, giró a la derecha, tal vez equivocándose, ya que a posteriori acabó en la calle el Pilar, paralela a San José, pero hacia la izquierda.

En su huida, al bajar la calle, giró a la derecha y pasó por otra entidad bancaria donde un joven estaba sacando dinero. Al verlo correr e inmediatamente después, y detrás de él, al director de la Caja Rural diciendo "al ladrón", decidió ayudarle y ambos comenzaron una persecución a pie tras el ladrón, que lo hacía del mismo modo.

Recorridos unos 50 metros, giró nuevamente a la izquierda mostrando el cuchillo, según señalaban algunas fuentes, y diciendo a sus dos perseguidores que no se acercaran. Por esa calle, Hernán Cortés, continuó otros 40 metros y volvió a girar a la izquierda llegando a las traseras del arroyo Chaparral a un callejón que discurre paralelo a la avenida Espronceda.

Esa calle alberga, fundamentalmente, cocheras. Y mientras huía, arrojó al arroyo chaparral los guantes y la gorra con los que cometió el delito. Mientras, una mujer de unos cuarenta años estaba con su coche en la cochera en esa calle trasera junto al arroyo Chaparral (venía de llevar a los niños al colegio) El ladrón se acercó a ella con la intención de robarle el coche. Ella echó el seguro y tiró hacia adelante haciendo caso omiso a sus peticiones.

Ante esta situación, el ladrón siguió corriendo, ya exhausto, llegando al final de esta calle. Ahí, volvió a girar a la izquierda llegando a la calle El Pilar, en la que se encuentra la oficina de correos de la localidad y donde, presuntamente, estaría esperándole su compinche para darse a la fuga, algo que hicieron en un coche "pequeño de color gris claro", según señaló un vecino de esta calle.

Dispositivo policial

Tras el robo, el director de la sucursal llamó al 112, que derivó la llamada al 091 quien, inicialmente, se hizo cargo de la situación hasta que, por competencias, lo hizo la Guardia Civil, que acordonó y cerró las entradas y salidas de la localidad.

Poco después del atraco, y en torno a las diez de la mañana, llegaron a la sucursal agentes de la policía científica para tomar huellas. "No sé para qué quieren las huellas si se le tiene que ver la cara en la cámara porque no llevaba pasamontañas ni nada", dijo una de las muchas personas que, poco después de ocurridos los hechos, se arremolinaba en la puerta del banco. La explicación a la toma de huellas es sencilla: a los delincuentes se les ficha por la huella dactilar.

Poco a poco, los curiosos fueron desapareciendo y regresaron a sus ocupaciones. Y la entidad bancaria cerró sus puertas. Y hasta el lunes. Y el ladrón, a última hora de esta tarde noche, seguía en paradero desconocido. Igual que su compinche.