Carteles pintados por Diego Barrena para diferentes ediciones del Carnaval calamonteño / Cedida

Sin Carnaval en las calles, pero con él en el corazón

Cinco calamonteños cuentan cómo van a vivir este mes de febrero sin poder celebrar una de sus fiestas favoritas del año

Lydia Sánchez
LYDIA SÁNCHEZ

Pena, vacío, añoranza, aburrimiento. Todos esos términos salieron de la boca de cinco calamonteños que viven el mes de febrero con más intensidad de lo normal gracias a una de las festividades que más calado tienen en esta localidad. Cuando la pandemia se desató en España el pasado mes de marzo, ninguno se esperaba que acabase llegando tan lejos como para tener que suspender en 2021 su querido y amado Carnaval.

Su pasión por él es tal, que muchos ya tenían incluso pensada la dinámica de este año. Es el caso de Yolanda Calatrava, que en 2017 empezó a disfrazarse con las madres de los compañeros de sus hijos con el simple objetivo de pasar un buen rato todos juntos y que finalmente se encontraron con la sorpresa de ganar el primer premio de las carrozas todos los años que se han presentado. «La verdad es que en mi grupo estamos bastante deprimidos, no solamente lo hacemos por el premio, sino por pasárnoslo bien con nuestros niños, y este año nos está costando bastante», comenta resignada.

Basilio Torremocha también había empezado a trabajar en algunos pasodobles y presentaciones tanto de Las madres que las parió y de la chirigota infantil De calle en calle, ambas llevadas por él, como de otras agrupaciones a las que también ayuda a raíz de un taller sobre Carnaval que realiza el Ayuntamiento en la Casa de la Cultura. Llegó incluso a empezar los ensayos, pero la situación epidemiológica comenzó a empeorar y tuvieron que dejarlo. En el caso de los niños, el pesar del que este profesor de guitarra habla es todavía mayor: «Ellos no lo entienden, lo ven de otra manera, me preguntan y yo les intento engañar de alguna manera. Disfrutan muchísimo del Carnaval y es una penilla, pero no podemos hacer otra cosa».

Samuel Galán, por su parte, dirige la agrupación De pies y manos junto con su compañero Moisés Martín, y este año ambos han tenido que guardar en un cajón todo lo que habían ya planeado. «Durante la cuarentena, nosotros ya teníamos más o menos clara la idea, pero tuvimos que aparcar todo porque las circunstancias son las que son», señala. En principio, intentarán aprovechar lo que ya habían trabajado, puesto que se trata de un tema más bien atemporal, pero si hay algo por lo que se caracterizan las murgas, comparsas y chirigotas es por sus simpáticos guiños hacia la actualidad, por lo que no descartan cambiar durante este largo año que todavía les queda por delante.

Diego Barrena sí que postergó el inicio de los trabajos hasta que finalmente decidió suspenderlo viendo la que se venía encima. «Cuando más tiempo libre tengo y cuando mejor se seca la pintura es en verano, ahí es cuando casi siempre lo hago, pero este año pensaba que no iba a celebrarse y no he hecho nada», cuenta el fundador de la comparsa Los Tontunos que ahora solamente se dedica a la creación de los típicos carteles carnavalescos, una faena en la que ha tenido bastante éxito desde que se iniciara en ella allá por 1998. Prácticamente todos los años se lleva algún premio en el certamen que se suele organizar. En 2020, sin ir más lejos, resultó ser el ganador.

Los monigotes tampoco se han librado del coronavirus, aunque quizás hayan sido los que menos se han visto afectados. Vale Molina tenía ciertas esperanzas de que le dejaran al menos vestirlos y sentarlos en la puerta «como antiguamente». El año pasado ya sabía lo que iba a hacer en esta edición, y aunque no ha podido recrear la escena cotidiana que tenía pensada, finalmente el Ayuntamiento le ha permitido sacarlos y mantener esta curiosa tradición calamonteña adaptándose a los nuevos tiempos.

Vale Molina ha recreado escenas tan cotidianas como una merienda (arriba) o la entrada a una mina (abajo a la izquierda), aunque este año ha decidido homenajear a los grandes protagonistas de la pandemia (abajo a la derecha) / Cedidas

Galán ha preferido desconectar y no llevar a cabo ningún tipo de actividad que respetase las medidas, aunque sabe que algunos componentes de su agrupación están participando en un concurso de copla online que se ha organizado desde Mérida. Calatrava y Barrena, por su parte, también descansarán, pero aseguran que no habrían tardado ni un minuto en ponerse manos a la obra si por algún casual se hubiese permitido hacer algo a última hora.

Los cinco, como no podía ser de otra forma, coinciden también en cómo se sentirán el día en el que vuelvan a celebrar esta fiesta como siempre. Que si lo recibirán con los brazos abiertos, que si lo disfrutarán al máximo… Quizás el más certero en la descripción de ese ansiado día es Torremocha: «Una locura». Dada la intensidad con la que viven el Carnaval muchos calamonteños, no podría haber escogido otra palabra mejor.