Calamonteños por el Mundo

«Como se come en Extremadura no se come en ningún otro sitio. De vuelta siempre voy cargada con embutidos y Colacao»

Nuria Romero Alves en el Jardín botánico de Keukenhof cerca de Amsterdam./::N.R.
Nuria Romero Alves en el Jardín botánico de Keukenhof cerca de Amsterdam. / ::N.R.

Nuria Romero vive y trabaja en Rotterdam en una clínica dentista.

Mario Moreno
MARIO MORENO

Nuria Romero Alves estudió la carrera de Odontología en la Universidad de Alfonso X El Sabio de Madrid y actualmente vive y trabaja en Rotterdam (Holanda). La hija de Nuria de la farmacia de la calle Iglesia tiene como aficiones el deporte en general. Gusta de ir al gimnasio frecuentemente, el cine y la música donde abarca gustos desde el rock metal a la fusión de la famosa Rosalía. Aunque ella se destaca por ser más casera. Prefiere ver una buena peli o disfrutar de un buen rato en casa con amigos y familiares que salir de fiesta.

El principal motivo por el que Nuria marchó hacia otras latitudes en 2016, le sobrevino por la falta de oportunidades para ejercer su profesión en Extremadura. De hecho, jamás se había planteado salir fuera de España para trabajar. Pero llevaba dos años trabajando y con la cuota de autónomo y el sueldo tan bajo, no le daba para independizarse. Así que, a finales de 2015 coincidió que un amigo suyo de la carrera estaba en Holanda y le habló maravillas del estilo de vida, los altos sueldos y ni corta ni perezosa se lanzó hacia el país de los tulipanes, los molinos y la naranja mecánica. Así que le preguntó si era verdad todo lo bien que se está allí. Y en efecto. Lo primero que tuvo que hacer Nuria fue aprender el idioma oficial holandés, que no es otro que el flamenco.

A sus 28 años, la joven calamonteña hizo un curso intensivo de tres meses en Austria en medio de las montañas en Enero de 2016. Una experiencia que recuerda con especial cariño por el entorno. «Es muy recomendable viajar a Austria por los paisajes que tiene», puntualiza la calamonteña.

Reconocido como el dialecto de Flandes, el flamenco es el idioma oficial de Holanda, aunque Nuria afirma que «si los holandeses notan que te cuesta hablarlo, inmediatamente cambian al inglés, porque aquí todo el mundo es bilingüe». Ahora ya tiene un flamenco fluido mientras atiende a sus pacientes en una clínica dental donde ejerce como dentista. La oportunidad que en España se le complicó.

Empezar de cero

Lo que más destaca la joven calamonteña es el tener que empezar de cero en todos los aspectos. Desde el idioma, hasta las amistades. Buscar vivienda y matricular el coche en Holanda puede convertirse en una tarea ardua. De hecho, cuenta que si al principio ella tuvo que buscarse la vida para solucionar el tema de papeleos con trabajo, vivienda y coche, ahora se ha convertido en la referencia de sus amigos españoles que le preguntan a ella para dar con las soluciones.

Nuria durante su estancia en Austria.
Nuria durante su estancia en Austria. / ::N.R.

Cuenta Nuria que Holanda tiene un déficit de dentistas enorme y que tengan formación. Así que hay empresas de captación de profesionales donde les explican cómo se ejerce la profesión allí. Ofrecen aprender el flamenco y una colocación en una empresa.

El choque cultural en Holanda fue que Nuria iba con la idea de que se encontraría con gente rubia alta con los ojos azules. Pero se encontró un escenario donde el 50% de la población es de fuera. «Algo que me llamó la atención es que Holanda tiene menos superficie que Extremadura. Y sin embargo, en Extremadura hay un millón de habitantes y en Holanda 18 millones. Así que se nota muchísimo en temas de vivienda y tráfico que se congestiona mucho a pesar de la cantidad de bicicletas que circulan por carriles bici». Otra cosa que le sorprendió de los holandeses es su capacidad de montar en bicicleta «bajo cero, con lluvia, viento… Da igual, ellos van en bici. Son muy resistentes».

En cuanto a la sociedad holandesa, Nuria afirma que son muy abiertos y acogedores. Aun así, Nuria dice que se ha tenido que hacer de una buena familia de amigos donde se generan vínculos muy fuertes, «porque al final estás aquí sola. No tienes a tu familia cerca por si te pasa cualquier cosa». Tengo un par de amigas valencianas con las que disfruto mucho durante los fines de semana. En su casa no falta el fideua o la paella. La calamonteña destaca que la comida en Holanda «no es ni mucho menos como la española» porque allí lo que encuentras es un queso, «que no es nada del otro mundo» y arenques. Afirma que lo normal cuando comes en algún restaurante holandés es encontrarte con tostadas que llevan de todo». Similar a las famosas tostas españolas pero con muchas cosas. «No me sorprende cuando mis clientes saben que soy española y me enumeran en los sitios de costa y dicen lo bien que comen».

Comer en casa Precisamente Nuria reconoce que lo que más echa de menos es la comida de casa. «Qué ricos los garbanzos! Así que cuando viene a Calamonte disfruta de la comida. Eso sí. Es una enamorada del Colacao de toda la vida y cuando se marcha va cargada de jamón, otros embutidos, y por supuesto, Colacao.

Sobre cómo se divierten los holandeses, la dentista calamonteña cuenta que son muy de salir pero su clima no se lo permite, «pero creo que se esfuerzan, porque si vas a Rotterdan por la noche, ves cantidad de terrazas llenas de estufas en restaurantes».

El clima en Holanda es muy frío en invierno, aunque más suave que en países como Alemania. Dice que en verano han llegado a estar a 8 grados y cuando ha vuelto a España al aeropuerto de Sevilla con 40° nota un azote de calor tremendo.

En cuanto a volver a casa, reconoce que tiene intención de volver en dos años, «pero nunca se sabe lo que nos depara la vida. A lo mejor me quedo mucho más tiempo». Cuenta Nuria que poco antes de irse a Rotterdam conoció a su actual novio, pero que ya tenía decidido marcharse porque «lo había meditado tanto y lo veía tan claro que dije: lo tengo que hacer y no hay marcha atrás», apunta.

Su pareja por otra parte, se llama Samuel, es de Mérida y se marchó en agosto a Holanda buscando oportunidades. Pero paradojas de la vida, hace unos días le han llamado para trabajar en TVE, ya que es licenciado en audiovisuales. «Ahora me volveré a quedar sola, pero no puede desaprovechar esa oportunidad». Aunque reconoce que es una situación difícil. Tal y como están las cosas hay que coger lo que nos viene. Su mayor deseo es poder ejercer su profesión en España, pero cada vez se siente más integrada en Rotterdam.

 

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