CALAMONTEÑOS POR EL MUNDO

Juan Álvarez: «Aquí es más fácil encontrar trabajo que casa»

Juan Álvarez Barrena en un viaje reciente a Belfast./:: Cedida
Juan Álvarez Barrena en un viaje reciente a Belfast. / :: Cedida

«Los poderes públicos han aceptado que la emigración en Extremadura es el destino final de nuestra formación»

Mario Moreno
MARIO MORENO

Antes de emigrar a Irlanda, Juan Álvarez Barrena se formó en la Universidad de Extremadura sacándose el graduado en Historia y Patrimonio Histórico. Sus estudios se han prolongado para obtener el máster universitario de Formación del Profesorado y otro de Investigación Histórica. Nada que reprochar al joven calamonteño que ha cumplido con su parte de esforzarse en obtener una titulación superior y dos másteres. Una preparación académica con la que en otros tiempos, en España, le sobraría trabajo. Pero los tiempos entre los jóvenes españoles han cambiado. Tener titulaciones superiores ya no es garantía de obtener empleo. Al ser preguntado si optó a una beca Erasmus, Álvarez afirma que no se lo planteó «porque nunca proyecté marcharme de Erasmus, ya que estaba contento con mis clases en Cáceres». Sin embargo, reconoce entre risas que «ahora estoy como de Erasmus pero trabajando».

Las aficiones de Juan son estar bien rodeado de amigos, practicar deporte de equipo y le encanta el cine, «de hecho estuve colaborando con HOY Calamonte escribiendo sobre el séptimo arte. Otra de mis aficiones es la política». Cuenta el calamonteño que vive en el distrito 8 de Dublín, «algo alejado del centro. En un barrio típico obrero». Su llegada al país celta se produjo el pasado 16 de octubre.

Confiesa que el motivo por el que se ha marchado a Dublín ha sido básicamente porque cuando terminó su etapa universitaria, «después de un largo bagaje intelectual y académico, que yo creo que es bastante bueno, no ha habido una contraprestación laboral en mi tierra y por eso decidí buscarme la vida fuera». Con este escenario, Álvarez quedó con un amigo a desayunar en Calamonte y cuenta que este le dijo: «Juan, vámonos a Dublín». Esto le hizo recapacitar sobre su situación laboral y le pidió tiempo para pensarlo. Finalmente llegó a la conclusión de que «había muy pocas razones para quedarme en Calamonte y todo eso me llevaba a buscarme la vida en otro sitio. Y fue Dublín, pero si me hubieran dicho cualquier otra ciudad, como Hamburgo o Londres, también me hubiera marchado». Juan reconoce que amigos y conocidos le hablaron muy bien de Dublín y la facilidad para encontrar empleo, «sobre todo ahora, que es temporada alta». Allí, por el frío y el clima inestable, «la cultura de los bares es el principal espacio de socialización». A su llegada a Dublín relata el calamonteño que pudo encontrar ayuda a través de las redes sociales de otros españoles que viven allí, respondiendo a dudas y «sobre todo por el tema de los trámites burocráticos para trabajar, sacarme una cuenta bancaria, seguridad social, etcétera. Esto me lo ha ido resolviendo gente española que lleva más tiempo que yo aquí».

La barrera del idioma

En cuanto a la barrera del idioma, Juan afirma que «para alguien que llega nuevo a Irlanda puede ser complicado». Cuenta el calamonteño que uno de los días pidió un taxi para volver a la casa donde vive actualmente, donde comparte habitación con otro calamonteño, que ha preferido mantenerse en el anonimato, y según cuenta Juan, no supo expresarse correctamente en inglés, con lo que finalmente le enseñó la dirección donde debía ir mediante señas. Al ser preguntado por su actual trabajo en Dublín, el joven emigrante cuenta que hace de todo, «descargar cajas, limpiar suelo o fregar platos, básicamente lo que me dicen que haga, que es lo que hacemos casi todos los españoles que venimos a trabajar nada más llegar». Eso sí, Álvarez también dice que esto es al principio «pero luego la gente, cuando supera la primera barrera del idioma, empieza a buscarse otras cosas». Algo que le ha sorprendido a Juan desde que llegó a Dublín es lo fácil que le resultó encontrar trabajo pero no habitación. «Aquí es más fácil encontrar trabajo que casa», afirma. «Nosotros encontramos trabajo en una hora de reloj. Salimos a buscar empleo y al rato nos llamaron, empezamos a trabajar y el teléfono siguió sonando de otros sitios durante varios días». A la pregunta de qué se puede hacer para retornar a los españoles que se marchan fuera de Extremadura, Juan opina que «nuestra región tiene las condiciones materiales para incluso acoger a más personas de las que viven en Extremadura». En este sentido, Juan aborda un tema de total actualidad relacionada con yacimientos arqueológicos y la memoria histórica, donde afirma que «pienso en mi oficio de historiador, veo toda la problemática de la memoria histórica y la cantidad de yacimientos arqueológicos que salen a la luz que incluso se están desvalijando yacimientos porque no hay nadie al cargo de ellos».

No hay maldición bíblica

Explica que «Extremadura no tiene una maldición bíblica por la falta de trabajo». Álvarez reflexiona sobre la situación extremeña, donde cree que «durante muchos años los poderes públicos han aceptado que la emigración en Extremadura es el destino final de nuestra formación y yo creo que no es así porque aquí en Dublín hay extremeños ingenieros, abogados, profesores de primaria, secundaria, historiadores, profesionales de imagen y sonido... No puede ser que no haga falta nada de esto en la región». Y como mirada a una posible solución, el joven emigrante aborda la problemática de la emigración desde un punto de vista constructivo al afirmar que «en Extremadura hace falta de todo. En memoria histórica, arqueología, energías renovables, construcción de renovables…, y finaliza indicando que «es una región exportadora de mano de obra».

En cuanto a si ha realizado turismo por Irlanda, Juan relata que ha ido recientemente a Belfast y ha descubierto que se trata de un lugar «de mucho colorido y con muchos bares también». Sobre el tiempo de quedarse en Dublín, todavía no sabe cuánto estará pero «yo no voy a volver a Calamonte para no volver a hacer nada. Para ir al ayuntamiento y que me digan que no hay trabajo o para meterme en la web del Sexpe y que me digan que con 25 años necesitan tres años de experiencia. Yo no me he ido. A mí me han empujado a irme, que es diferente. Y yo no puedo volver si las condiciones materiales de mi tierra no cambian». En cuanto a si le gusta Dublín, aunque lleva poco tiempo, el calamonteño afirma que sí. Lo que más le llama la atención es el paisaje urbano, donde predominan altos hornos de la era industrial, «la cultura pop, lo abierta que es la gente y la cantidad de bares con conciertos en directo. Claro, que aquí la cultura de bares está muy extendida». Sobre el clima, lo más habitual, dice el historiador calamonteño, que los días son grises y «desde que estoy aquí todavía no he visto el sol».

En su opinión, y según lo que puede observar, los irlandeses parecen más retrotraídos. «De hecho, en mi trabajo tenemos una compañera latina y dice que nosotros hablamos más alto, nos reímos más, pero los irlandeses son más serios que nosotros». En cuanto al choque cultural, afirma que es un país totalmente diferente. «Yo he estado en Italia y, por ejemplo, este país se parece mucho más a nosotros, pero Irlanda es muy diferente. Es otro mundo. Nuestra vida social es prácticamente todo el día en la calle, los bares o los parques. Pero aquí a las diez de la noche no hay nadie por la calle». Sobre el tema de la alimentación, no le da demasiada importancia porque «al final cuando estás en una ciudad grande tienes acceso a muchos tipos de alimentación». Sin embargo, cuando piensa en ahorrar lo máximo en comida, Juan dice que existe una modalidad para comprar barato que se llama 'reduce', que consiste en comprar la comida que va a caducar en el día y cuesta «en torno a un 70% más barata», justifica. Por otra parte, comer en restaurantes «es caro para los españoles. Por ejemplo, una pinta de cerveza en el bar donde trabajo cuesta 6,50 euros», apunta. Sobre el tema de volver algún día a Calamonte se mantiene en que sólo volvería si las circunstancias en Extremadura cambiaran a mejor. Obviamente, echa mucho de menos a su familia. «Cuando estás lejos de casa se echa de menos a la familia y tengo que agradecerles todo su apoyo a la hora de tomar mis decisiones», finaliza.

 

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