GENTE CERCANA

«Alemania está sobrevalorada. Allí hay gente viviendo en la calle»

Beni, en su lugar de trabajo en Madrid./::B.M.
Beni, en su lugar de trabajo en Madrid. / ::B.M.

Con varias estancias en Alemania y Seúl, este calamonteño trabaja ahora como manager de proyectos de telecomunicaciones en Madrid y forma parte de una agrupación musical.

Mario Moreno
MARIO MORENO

Benigno Moreno Sánchez acaba de cumplir los 32 años el 20 de diciembre y actualmente vive en el corazón de Madrid donde trabaja en una empresa francesa tecnológica llamada Sigfox.

Beni, como le llaman los amigos, podría pasar perfectamente por la sección de 'Calamonteños por el mundo' ya que ha viajado por todo el planeta. El calamonteño finalizó la carrera de Ingeniería en Telecomunicaciones en Cáceres en 2008 y aprovechó sus estudios al máximo, pues logró una beca erasmus para pasar un año en Alemania, lugar donde también haría sus prácticas. También tiene un máster en postproducción digital de audio en la politécnica de Valencia y posteriormente estudió el grado en ingeniería de telecomunicaciones también en Valencia con la idea de actualizar el título. Previo paso de Seúl.

Gran aficionado a la música, Beni trabaja y sigue formándose en Madrid con la caja flamenca y actualmente forma parte de un grupo de flamenco fusión que se llama 'Las Dos Menos Cuarto'. Otro de los instrumentos que toca es el novedoso Hang, que tiene un sonido muy peculiar y característico.

–Tres becas le han llevado lejos de España. ¿Cómo fue la experiencia de las tres de forma resumida?

–Sí. He conseguido tres becas. La beca Erasmus, beca Faro para hacer prácticas en mi caso en Alemania y la beca Promoe propia de la Universidad de Valencia, que me llevó a Korea del Sur. Con la beca Erasmus me fui a Göttingen (Alemania) una ciudad de 120.000 habitantes, y mi objetivo allí era desarrollar mi proyecto final de carrera. La universidad es una de las cinco más prestigiosas de Alemania y te encuentras a gente de todo el mundo. Es una ciudad muy cosmopolita. De repente se me abrió un mundo nuevo. La siguiente fue la beca Faro que conseguí cuando me vine de terminar el proyecto en Alemania, pasé unos meses en Calamonte, para volver después a Göttingen para hacer prácticas en una empresa que se dedica a mediciones acústicas (Acutec). Así pude vivir el verano alemán, porque el tiempo que viví en Alemania durante la beca Erasmus fue el riguroso invierno. Así que disfruté mucho del verano y pasé seis meses para luego irme a Valencia para hacer el master de postproducción de audio.

–¿Cómo se hace para sobrevivir a un idioma tan alejado del castellano como el alemán?

–Cuando llegué a Göttingen en 2008, sólo sabía decir 'Hallo' que es hola en español. Y luego yo pensaba que sabía hablar inglés. No tenía ni idea de inglés. Luego mi segunda etapa en Alemania, como sólo tenía el proyecto me sumergí más en el país y me preocupé de hablar inglés con todo el mundo y chapurreo el alemán.

–¿Qué le sorprendió de Alemania?

–Me sorprendió que está muy bien conceptuada por los españoles. Allí también hay personas viviendo en la calle. Y claro, el clima de Alemania no es el de España porque allí si te quedas en la calle te mueres de frío. Literal. De hecho hay una costumbre muy extendida en Alemania donde dejas las botellas de plástico al lado de las papeleras porque pueden cambiarlas por comida o dinero. La experiencia también me sirvió para adaptarme a sus horarios y luego la comida es tal y como se ve en tv. Se comen muchas salchichas y hay otro tipo de comidas, pero están habituados a mezclar salchichas con todo. Y otra cosa es que la gente come porque hay que comer. No disfrutan de una comida en compañía como nosotros. Otra cosa que me cansó mucho fue que todo estuviera tan organizado. Casi no hay lugar a la sorpresa. En España estas cosas son diferentes. Esto se nota en cómo funciona todo.

–¿Alguna anécdota?

–Pues celebré la nochevieja de 2008 en Alemania y hacía un frío tremendo. Llegamos dos amigos y yo a Berlín, salimos del hostal con una botella de Jägermeister, nos fuimos a la Puerta de Brandeburgo y estaba todo a rebosar de gente cuando el termómetro marcaba -15°C. Aquello me impresionó mucho y la fiesta que nos dimos fue antológica. Imagínate. Era la primera vez que salíamos fuera de España de Erasmus. Había que disfrutarlo. Otra anécdota es que en invierno Göttingen tiene un lago cerca y la gente pasea por allí tranquilamente. Para mí fue algo nuevo.

–¿Cuéntenos cómo fue su paso por Gandía?

–Gandía me encantó porque además de estar cerca de la playa, los estudiantes veníamos o de teleco o de audiovisuales, así que hicimos una piña muy buena. Posteriormente, me apunté a una beca propia que tiene la politécnica de Valencia donde puedes elegir varios destinos del mundo, así que no me lo pensé. La directora de relaciones internacionales y me aconsejó que pusiera varias universidades del mundo, menos Europa. Y eso hice. Puse universidad de Buenos Aires, Ciudad de México, Lima, Santiago de Chile y Seúl. Al final me concedieron la beca de Seúl para hacer el trabajo fin de máster.

–¿Cuánto tiempo pasó en Seúl?

–La beca inicialmente era por cinco meses. Pero cuando estuve allí hice mil cosas menos mi trabajo. Incluso mi tutor del trabajo fin de máster me ofreció dar una clase porque él no podía un día. Este mismo profesor escribió una carta de recomendación con la idea de quedarme algo más de tiempo. Finalmente me concedieron hasta casi un año, pero sin 'pasta'. Terminé haciendo un proyecto súper bonito: una biblioteca de sonidos de Seúl. Grababa sonidos y los catalogaba. Pero mientras hacía la grabación se me ocurrió poner localizaciones de los sonidos con unas coordenadas. Así fue como creé una web (cityfieldrecordings.blogspot.com) que aún sigue online y recoge los sonidos de la calle y establecimientos de Seúl (Korea del Sur), Cáceres y Tokio (Japón). Además, tiene licencia 'creative commons' para que cualquiera se descargue los sonidos. Seúl es un sitio totalmente diferente a cualquier otro país que conozcamos de Europa y nuestro entorno. Bueno, toda Asia es muy diferente.

–¿Qué tal se lleva estar tan lejos?

–Uno de los primeros días allí, salí del metro, miré a mi alrededor y me pregunté. ¿qué hago yo aquí? Si yo vivo en Calamonte. Un pueblo pequeño. Y yo solo aquí rodeado de millones de personas pero en la nada. Me sentí lleno por lo lejos que había llegado. Cumplí 25 años en Korea.

–¿Vivió allí un choque cultural mayor que en Alemania?

–Sí. Si el viaje de Alemania me abrió la mentalidad, el viaje a Korea me terminó de abrir la mente. Y allí el choque cultural es muy grande. Por ejemplo, allí se come sentados en el suelo. Te ponen un plato de comida en el medio con un pequeño fuego porque allí se termina de hacer la comida. La gente además, va tomando el soyu que es un licor que la gente toma de acompañamiento. Era curioso que al meterte en el metro a las 8 de la tarde la gente olía a alcohol. Y gente de todas las edades y condición social. Allí se cena a las 6 de la noche. Lo que más me costó acostumbrarme fue comer sentado en el suelo. Pero es que ellos tienen la costumbre desde pequeños y tienen mucha flexibilidad.

–Después de su buena formación, ¿dónde trabaja ahora?

–Trabajo en Madrid en una empresa que se llama Sigfox y se dedica al internet de las cosas (internet of things) que tiene una red de comunicaciones por todo el mundo. La peculiaridad de esta empresa es lograr que un objeto puede enviar información. El problema de esta empresa es que tienes que saber de todo, porque estamos trabajando con varias compañías del Ibex35 y cada una se dedica a un sector diferente. Por ejemplo, hace unos días hicimos una presentación de un proyecto para Bayern en términos de agricultura. Así que tenemos que informarnos sobre agricultura. Esta empresa quería conocer la humedad del suelo, porque dependiendo de la humedad del mismo vierten un producto u otro para evitar cierto tipo de plagas o para cualquier cosa que ellos crean oportuno.

–¿Cuál es su próximo reto?

–Seguir disfrutando de cada cosa que hago.

 

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