GENTE CERCANA

Julián 'el cantinero': «A mi madre la mataron y de mi padre sólo sé que se tuvo que ir a Francia»

Julián 'el cantinero': «A mi madre la mataron y de mi padre sólo sé que se tuvo que ir a Francia»

Julián 'el cantinero' es un escritor atípico y con historias vividas durante y después de la Guerra Civil que aún las tiene a flor de piel

Mario Moreno
MARIO MORENO

Julián Cano Tamés nació un 26 de abril de 1933 en Mérida. Con sus 85 años, relata pasajes de su vida que dan para una novela. Julián quedó huérfano a los tres años, nada más empezar la guerra. Sus dos hermanos, su hermana y él salieron adelante gracias a su abuela paterna con muchas dificultades. Es poeta autodidacta y en su libro 'Poemas a mi tierra', relata algunos pasajes de su infancia donde se ve obligado a robar en algunas nochebuenas para poder comer algo. El cantinero, que así se le conoce, es un tipo hecho a sí mismo. Superó la pobreza con su trabajo y también la frontera del analfabetismo. Casado con Dionisia Barrena Cabeza, no tuvo hijos, pero ha derrochado toda su energía en prosperar. Tanto, que sus poemas son una huella profunda donde se refleja su gran superación. Desde su jubilación ha publicado tres libros: 'Poemas del pasado y del presente', 'Mis 300 versos a la mujer' y 'Poemas a mi tierra'. Pero todavía queda por editar un libro más al que aún no ha puesto título. Será su cuarta obra.

–Por qué le llaman el cantinero?

–Nosotros, los cuatro hermanos, al quedarnos sin padre ni madre, se quedó a nuestro cuidado mi abuela paterna, que es la que nos crió. Ella se dedicaba a ir a las cantinas para el cuidado de los caballos y los mulos. Y a mis hermanos y a mí se nos quedó los cantineros.

–¿Cómo recuerda su infancia? ¿Tiene alguna anécdota de la España de posguerra?

–La recuerdo con mucha pobreza. Perdí a mis padres muy pequeño y gracias a mi abuela salimos adelante. Recuerdo que cuando mi abuela se hizo cargo de nosostros fuimos a una posada que había frente al mercado de Calatrava, ahí nos quedamos 8 o 10 días. Y como mi abuela conocía a las verduleras y las pescaderas, nos daban lo que sobraba y de ahí comíamos. De ahí nos fuimos a los Santos de Maimona. De allí nos vinimos cuando se acabó la guerra. Mi abuela conocía a un zarceño que vendía guarros por la calle. Estaba herido de la guerra y lo curaba mi abuela. Así que nos regaló una guarra. Entonces pensamos volver a Calamonte. Nos vinimos mis hermanos, mi abuela y yo de los Santos de Maimona. Tardamos tres días con un burro que mi abuela alquiló a un vecino, el de la Torera.La primera noche, creo que llegamos a Villafranca, y la segunda a Torremejía. Y la última noche, salía la gente para trabajar al campo y nosotros llegando. Esa guarra nos dio la vida porque paría dos veces al año y salían 13 o 14 gorrinos.

–Una historia fascinante. Pero en aquella época, ¿cómo aprendió usted a leer y escribir?

–Mi abuela nos apuntó en la escuela de 'Churubía'. El caso es que el hombre, pues tenía que comer también. Sus clases costaban una peseta, pero mi abuela no podía pagarle, así que nos salimos de sus clases. Pero yo luego seguí aprendiendo el abecedario, porque yo lo que quería era aprender cómo se juntaban las letras para escribir tomate, patata o zapato, por ejemplo. A mí me gustaba mucho aprender y le pedí a mi abuela que me comprara un lápiz y a través de los vecinos de mi casa, Juan y Germán Canete, José 'tomate'… Todos ellos sabían leer y les preguntaba cómo se escribían las cosas y a partir de ahí, aprendí a juntar las letras. Los maestros que he tenido han sido los vecinos de la calle.

–¿En qué ha trabajado usted?

Yo me puse a trabajar de niño, con ocho o nueve años. Y me casé con una mano atrás y otra adelante, la verdad. Yo he trabajado de día o de noche. No sabía lo que era celebrar la fiesta de San José ni una Nochebuena. Nunca me había ido de vacaciones. De joven trabajé mucho con Juan Canete y un día le dije que a ver si me compraba una becerra. Me compré una, luego me hice de dos vacas y entonces empecé a llevar leche a Mérida y la verdad que hice buen negocio. Al final, entre vacas, becerras y chotos tenía 40 cabezas. De hecho, los últimos chotos se los vendí a José el de Vargas. Yo me he pasado más de 40 años con una finca al lado de Purina con ganado, que era donde vivía. Hay una anécdota porque hace unos años salí camino de Torremayor para vender leche un día de aire muy fuerte y de lluvia. Total, que iba a coger el badén de Torremayor, pero se lo había saltado el Guadiana, así que, tiré para atrás a la presa de Montijo, y al pasar más adelante las ramas de los árboles cortaban la carretera y tuve que dar un rodeo, tirar para atrás por Montijo y llegar a Torremayor (según su relato, coincide con la fatídica riada de Badajoz de 1997). Después de esto le dije a la mujer, mira nosotros ya no necesitamos esto. No tenemos hijos, alguna noche con una riada nos va a llevar por delante y desde entonces vendí las vacas y algunas tierras que había comprado hacía unos años y desde entonces vivo con la pensión y lo que pude sacar de las ventas.

–¿Cuándo ha empezado usted a escribir poesías?

–Pues mira, de pequeño nos juntábamos Paulino el de la vieja, Juan Piñero, Vitoriano el de Elena, su hermano Miguel… Toda la cuadrilla de la calle Murillo. Nos sentábamos en los veranos y les contaba un cuento de lo que me iba saliendo. Más tarde, había un periodista salmantino que trabajaba en Mérida al que le vendía leche de vez en cuando y a veces me decía: ah, el vaquero! Pero de una manera despectiva, porque claro, yo soy del campo. Total, que le llevé un escrito mío y cuando se lo entregué se quedó sorprendido. Al principio no creía que lo pudiera haber escrito yo. Me dijo si quería que lo publicáramos en el periódico. Pero yo le dije que no. Y otro día le llevé otra cosa más. El periodista me dijo que tenía talento para escribir. Pero cuando realmente me puse con la escritura fue cuando me jubilé.

–¿Cómo se inspira usted y sobre qué escribe?

–Pues me pongo yo solo y me pongo a escribir. Me salen las cosas solas. Escribo de todo. De la naturaleza, las cosas de labranza y sobre todo, de lo que pasó en la guerra civil. Porque hombre, cada uno ha pasado lo que ha pasado. A mí me quedaron sin mi madre y sin mi padre. No los recuerdo porque era muy pequeño.

–¿Cómo fue la etapa de la guerra civil para su familia?

–Mi abuelo materno se fue huyendo porque había sido presidente del partido socialista y a mi abuela la fusilaron en Villagonzalo porque no sabía realmente dónde estaba mi abuelo. Esto me lo cuenta mi abuela y porque yo con el tiempo me fui enterando de las cosas. Luego mi padre estuvo luchando en el bando republicano y cuando vio que la cosa se puso fea se fue a Francia. Investigando y preguntando he averiguado que a mi padre se lo llevaron a Allarin y de allí cogieron a muchos de ellos y los llevaron a los campos de exterminio. Mi padre debió estar en esos campos de exterminio. Y yo tampoco he sido capaz de averiguar nada más. Y luego a mi madre la mataron cuendo fue preguntando por mi padre. No dieron con él, pero a ella la mataron. Así me lo contó mi abuela. Según parece, mi padre le dijo a mi abuela que se marchaba hacia Francia y que cuando se apaciguara la cosa, volvería.

–Según tengo entendido, ha escrito usted alguna poesía para cantaores flamencos.

–Sí. He escrito poesías dedicadas a Miguel de Tena y al niño de Peñaflor. A Miguel de Tena se la entregué hace 8 años para que la tuviera.

 

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