El director de la Casa San José, el sacerdote Arturo Ureña, entrega algunas de las cartas / Cedida

Tarjetas navideñas para felicitar las fiestas a los usuarios de la residencia

A los familiares de los residentes se les han acabado uniendo los trabajadores del centro e incluso un colegio emeritense

Lydia Sánchez
LYDIA SÁNCHEZ

La situación sanitaria en Calamonte es preocupante. La Casa de la Misericordia San José y Padre Leocadio, consciente de ello, ha decidido cancelar su tradicional fiesta de Navidad, pero se ha afanado en buscar una alternativa para que sus usuarios no se sientan solos en estas fechas tan especiales: tarjetas navideñas que les feliciten las fiestas.

En un principio, la iniciativa iba solo dirigida a los familiares, que han visto cómo se suspendían por completo las visitas a sus parientes debido al brote detectado en la localidad, pero finalmente se han acabado uniendo los trabajadores del centro e incluso un colegio de Mérida. «El hijo de una residente es maestro en el CEIP Federico García Lorca, lo habrá comentado en clase y los niños de 6º de primaria han decidido escribirles», explica la terapeuta ocupacional Piedad Acosta.

La residencia cuenta ahora mismo con 23 usuarios y, de momento, ya han entregado alrededor de 50 tarjetas (algunas incluso de la mano del sacerdote Arturo Ureña, director de la residencia), a las que hay que añadir todas aquellas que tienen en cuarentena para evitar la propagación de la covid-19, así como también las de los escolares y las que todavía quedan por llegar. A los abuelos, como así los llama Acosta, les ha hecho «muchísima ilusión» recibir estos 'christmas', «que parece que no se llevan mucho, pero la gente se ha volcado con la iniciativa», manifiesta la terapeuta, que agradece enormemente la cooperación de todos los participantes.

Los niños del CEIP Federico García Lorca enviaron sus tarjetas (arriba), algunas de las cuales se mantuvieron en cuarentena (abajo a la izquierda) hasta ser entregadas a los usuarios (abajo a la derecha) / Cedidas

Hay felicitaciones bastante curiosas: algunos residentes han recibido cartas procedentes de familiares de compañeros, otros parientes han decidido contar la historia de usuarios cuya demencia no les permite recordar demasiado su vida, y un tal Carlitos, de 6 años, ha escrito a varios mayores a la vez. Está claro que, en Navidad, no importa lo malas que sean las circunstancias, siempre habrá personas dispuestas a alegrar a quienes más se lo merecen.